COMO HACER TODO AQUELLO QUE SIEMPRE TE HA DADO MIEDO
Todos tenemos miedo de hacer algo. Y ese miedo tiene diversas fuentes y
utilidades porque, aunque no lo creas, el miedo sólo sirve para paralizarnos y
para impedir nuestra superación personal. Cuando uno experimenta temor lo
primero es aceptar que éste existe y saber que podemos controlarlo. No hay nada
de malo en identificar nuestras debilidades porque es la única manera de poderlas
convertir en fortalezas. Lo único cierto es que durante nuestra vida todos hemos
sentido miedo en más de una ocasión.
Los miedos aceptables
Hay que evaluar muy bien cuál es el miedo que debemos respetar y cuál es
preciso superar. Es necesario distinguir entre un miedo básico y uno
innecesario.
Respetar el miedo a la velocidad está bien; superar el miedo a las alturas,
a los espacios abiertos, a los gérmenes o al smog es una medida saludable.
Todos sabemos que la mente no discrimina, sino que considera todo igualmente
peligroso, no importa si es real o imaginario, así que a nosotros nos toca la
labor de aprender a distinguir qué es lo que nos puede afectar.
El secreto para vencer el miedo
Vayamos ahora con los miedos que, en definitiva, es necesario vencer y que
puedes eliminar sin necesidad de ir dos veces a la semana con el psicólogo.
Basta con echar mano de una fuerza que todos tenemos, pero que no todos
aprovechamos: se llama voluntad.
Hay toda clase de miedos. El temor a tocar la guitarra o as hablar en
público son ejemplos de la gran diversidad de miedos que existen.
Puedes temerle a hacer una cena en casa con invitados porque piensas que todo
se quemará. Podemos sentir miedo de ir a trabajar porque no confiamos en
nuestras propias habilidades para ganarnos el sustento. Incluso puedes sentir
temor por algo tan simple como iniciar una conversación o tan complicado como
poner tu propio negocio. Existe el temor a amar y a quedarnos solas, mismos que
aquejan a muchas personas.
En fin, ejemplos de miedo hay miles. Pero ¿qué efectos tiene en cada
individuo? El miedo evita que progreses, te reprime y muchas veces te paraliza;
evita que adquieras la confianza en ti misma que tanto necesitas. Todas tenemos
puntos débiles (que es la otra manera de llamar a las cosas en las que no somos
muy buenas) pero que en el fondo quisiéramos reforzarlos. Debido a que estamos
convencidas de que no servimos para ciertas cosas atacamos a nuestra autoestima e
inmediatamente nos sentimos derrotadas.
Y como bien nos dice la psicología moderna, la única manera de vencer un
temor, cualquiera que éste sea, es enfrentándolo. De hecho éste es uno de los
puntos básicos en el tratamiento contra las fobias. Cuando te enfrentas a lo que
te asusta y lo conquistas, el temor desaparece y se cierra el agujero que éste
hacía en la pared de tu autoestima.
¡Tú puedes hacer lo que siempre te ha dado miedo!
En los miedos básicos el elemento de fondo es la supervivencia. En los
miedos innecesarios el resorte es el temor al fracaso y al ridículo, dos aspectos
que siempre van muy ligados.
Hemos aprendido que el fracaso equivale a una destrucción o una derrota. La
verdad es que equivocarse es una herramienta estupenda para superar los
obstáculos.
Esa frase de Echando a perder se aprende, es una buenas maneras de describir
la utilidad de los fracasos. El ridículo es algo parecido; cuando hacemos algo
mal, por lo general sentimos vergüenza. Casi nadie piensa que eso nos ayuda a
saber cuáles son nuestros puntos débiles y dónde tenemos que trabajar más si
queremos salir adelante. Es hora de que dejemos de atemorizarnos frente al
ridículo y al fracaso.
Si nos equivocamos al hablar o si se nos quema la cena, no pasa nada. Lo
único que no tiene solución es la muerte. Fuera de eso, es posible superar todo
lo demás.
Martha Beatriz