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No vale la oración sin la acción
Se cuenta una historia, que cierto hombre viajaba todos los días a su
trabajo, y en su diario trayecto, veía un mendigo debajo de un puente, al costado
de la ruta, que padecía frió, y por supuesto hambre, y éste señor cuando pasaba
día a día por ese lugar al verlo le pedía a Dios en oración: "Señor bendice a
este pobre hombre que está mojándose, y veo que está cada vez más débil y
peor".
Así, repetía todos los días la misma oración, hasta que un determinado día,
sintió una voz en su mente (cuenta, no audible), que le dijo: "hombre, no
esperes que lo bendiga Yo. Para el auto, y bendícelo tú con algún alimento o
ropa"
A partir de ése día, este hombre cambió.
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